lunes, 5 de diciembre de 2022

 Queridos compañeros (y compañeras de los compañeros):

Me uno al blog compartiéndoles, para que lo vean y mediten quienes quieran, un escrito-recopilación de diferentes enfoques y vivencias sobre la espiritualidad. Con los/las que lo deseen podemos conversar, debatir-dialogar-profundizar sobre el tema. Que esto sirva también para que le saquemos provecho al blog, creado por Luis Miguel ante la decisión que tomamos en Silvania (febrero de 2022) en la casa de Carlos Miñana.  (mi texto tiene 9 páginitas, para ayudar a enriquecer las cercanas vacaciones y celebraciones navideñas y de fin de año 2022)


DIFERENTES ENFOQUES Y VIVENCIAS SOBRE LA ESPIRITUALIDAD (o, mejor,
espiritualidades)

 

El texto que coloco a disposición de su amable atención e interés responde a un proceso de los años
otoñales de mi vida en los que me he dedicado a indagar con mayor intensidad cuanto se refiere a la
vida espiritual y a entrar en contacto con personas que compartían esta inquietud, como a leer
artículos o libros de autores y autoras que considero o estimo como maestras y maestros
espirituales, quienes me han enriquecido y han acrecentado mis búsquedas en relación con el
Misterio del Ser y Fuente de todo, habiendo logrado renovar mi trayectoria de vida más allá de la
religión, tal como explicaré en las últimas líneas de este artículo -o mejor, recopilación de
exposiciones y testimonios-.
Comenzaré compartiendo en un primer momento algunos textos (apartes o fragmentos de los
mismos, en que recojo lo que, en resumen, me ha resultado más significativo e ilustrativo) para
después, siguiendo a otros autores/as, enfatizar que la espiritualidad está muy vinculada a la manera
como entendemos a Dios, al Absoluto o Misterio y Fuente de Todo. En una segunda parte me fijaré
en vivencias y testimonios de espiritualidad que quizá pueden tocar más de cerca a nuestra vida,
aunque los primeros autores nos abren a aspectos muy centrales e ilustrativos que luego se repiten
en los otros/as.
José Manuel Bobadilla, colaborador de AUDIR y quien sigue a Marià Corbí1 se sitúa más allá de
las simbologías de las distintas grandes confesiones para indagar sobre lo que sería lo fundamental
de una espiritualidad laica, más en sintonía con el mundo de hoy y con las sensibilidades de las y
los jóvenes:
Cultivar la espiritualidad es un acto de indagación para “ descubrir ” aquella realidad inmaterial que
es el fundamento de todo nuestro mundo humano y que nos ayuda a encontrar el valor de cada
acción. La espiritualidad permite al ser humano tener consciencia de su existencia, de sus actos, de
sus creencias, de sus valores; le permite tomar distancia respecto de la realidad, preguntarse por el
sentido de su vida, valorar sus actos, proyectar el futuro. Cultivar la espiritualidad es indagar la
realidad en todas sus formas para comprender cuál es su verdadera realidad y entender que “ esa
otra realidad ” o el “ todo ” es el fundamento del mundo.
El cultivo espiritual o la vivencia de lo ab-soluto (fuera de toda posibilidad de disolución o
relativización) en un ser humano espiritualmente profundo es sentirse vinculado a toda la realidad.
Así la espiritualidad (conectada con la Dimensión Ab-soluta) se asocia a solidaridad cósmica
(citando a Torralba).
Volviendo al libro de Arnau Oliveres, co-director de AUDIR: Contra el supremacisme i el
fonamentalisme.2 que estudiamos y compartimos con mucho interés en el grupo de espiritualidad
interreligiosa de AUDIR al que pertenezco, leemos (traduzco libremente del catalán):
Espiritualidad: Integra la fuente interna de donde brota la vitalidad de cada uno con aquello que es
más universal. Su espacio es a la vez de tipo personal y universal, concreto y general, social y
natural. Penetra tanto el espacio privado como el espacio público. Es la viga maestra gracias a la
que una sociedad puede mantenerse cohesionada. Es una actitud de respeto hacia aquello que nos
une, que es también lo que nos distingue. La naturaleza de la espiritualidad es doble: Plural y
singular, universal e individual, invariante y variante3, se desenvuelve y se vuelve a enrollar. La
1 Tesis de maestría, 2019.
2 2020 (pp. 71ss)
3 Para A.Oliveres, siguiendo a Panikkar lo invariante es lo absoluto y lo variante corresponde a lo que cambia, por ej. lo que van
transformando las diferentes culturas: “No puede haber una única perspectiva humana universal: Hay invariantes humanas pero no hay

 

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experiencia espiritual no es un conocimiento de tipo racional, artístico, social o natural. Es aquel
punto donde tooslos conocimientos convergen y, a la vez, desaparecen. Percibir esto, sentirlo, es
una experiencia espiritual. El hilo invisible que todo lo religa es de orden espiritual. El espacio en el
que los contrarios dejan de ser contradictorios y pasan a ser complementarios es espiritual. Conecta
lo más pequeño con lo más grande. La espiritualidad es donde comienza la religión y donde la
religión acaba. Y es que el papel de una religión es el de ofrecer un marco gracias al cual la vida
espiritual de los discípulos quede protgida y asegurada.La espiritualidad ofrece paz y serenidad,
razones para vivir y para amar. Regala cielo. No considera sagrado sólo aquello que pertenece al
ámbito del misterio, sino también las cosas más terrenales. Es una cualidad innata en cada persona y
lleva a la aprehensión de lo real. ¿Cómo comienza el camino espiritual? : Un día uno siente el
encuentro entre el uno y el múltiple.
José Arregui, teólogo vasco y místico de espiritualidad franciscana, en “Espiritualidad y
trascendencia. Cómo vivir la vejez”4, sitúa la vejez como un tiempo especial para vivir la
espiritualidad: La vejez es, o debiera ser, la edad privilegiada para vivir la espiritualidad, es decir,
la aceptación en paz de la pérdida y del decrecimiento. Y la caracteriza así: La espiritualidad
consiste en la liberación personal y política, y eso vale en todas las edades de la vida.
La espiritualidad es silencio: no solo ni en primer lugar el silencio físico, sino más aún el
silenciamiento del ruido emocional y mental. Y más todavía el silencio profundo del ser, que no es
aislamiento, sino muy al contrario, comunión honda con nuestro ser profundo, que es también el ser
profundo de todos los seres. En el silencio del ser nos comunicamos a fondo, pues ahí se nos revela
la llamada del prójimo con su fragilidad y su belleza. En el silencio, todos los seres se vuelven
prójimos.
Eso es espiritualidad. No es cosa de creencias, templos y rezos, sino de adentrarnos a través de los
sentidos más allá de los sentidos, en ese silencio originario, primordial y sereno que sustenta todo
cuanto es. Y aquella persona a la que un sencillo rezo o el silencio de un templo le ayuden, hará
muy bien en servirse de ello. Pero otras prácticas podrán ayudar igualmente a otras personas a
sumergirse en el mismo silencio hondo del Ser desnudo o en la misma comunión universal
liberadora.
Eso es en el fondo la espiritualidad: espíritu o energía vital, ancho espacio vital. O respiro (inspirar
y expirar, recibir y dar aliento vital). Todos necesitamos respirar, hoy más que nunca. Las religiones
(con sus credos, códigos y cultos), no son imprescindibles, pero la respiración sí. Cuando la vida se
convierte en pura competencia con nosotros mismos y con los demás, cuando vivimos jadeantes y
agitados en una loca carrera, cuando han caído los sólidos marcos religiosos y culturales de antaño
y perdido las certidumbres confortables, se hace más patente la necesidad de respirar. Necesitamos
espiritualidad, con religión o sin religión, pero más allá de la religión. Todos necesitamos respiro,
aliento vital. Y en la medida en que, con los años, la respiración se va haciendo más corta y
estrecha, y nos vamos encontrando con nuestros últimos límites, los viejos más que nadie
necesitamos respiro. El respiro profundo o la paz profunda de nuestro ser.
Eckart Tölle, de inspiración budista-hinduísta, en su obra El poder del ahora, 2001, nos describe
“una práctica espiritual muy poderosa” en cuyo núcleo está lo sagrado e inconmensurable, en el
camino de la iluminación:
La iluminación es recuperar la conciencia del Ser y residir en ese estado de «sensación-realización».
universales culturales. Es decir, toda persona come, es activa y descansa, pero el sentido que se da al alimento, al trabajo y al reposo
es muy diferente según las culturas” (Pluralismo e Interculturalidad. Fragmenta Ed. 2010)
4 2021 (Umbrales de luz)
 

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Sé consciente de la presencia silenciosa de cada cosa. Sé consciente del espacio que permite que
cada cosa sea. Centra tu atención en el ahora. Imposible tener un problema cuando tu atención está
plenamente en el ahora. Si surge una situación que tienes que afrontar ahora, la acción surgida de tu
conciencia del momento presente será clara e incisiva. En cuanto honras el momento presente, toda
infelicidad y esfuerzo se disuelven, y la vida empieza a fluir con alegría y suavidad. Mantente
atento a la acción misma. El fruto ya vendrá cuando corresponda. Ésta es una práctica espiritual
muy poderosa.
Cuando te rindes a lo que es y estás plenamente presente, el pasado ya no tiene ningún poder.
Entonces se abre el reino del Ser, que había quedado oscurecido por la mente. De repente, surge una
gran quietud dentro de ti, la sensación de una paz insondable. Y en esa paz hay una gran alegría. Y
dentro de esa alegría hay amor. Y en su núcleo más interno está lo sagrado, lo inconmensurable. Eso
que no puede ser nombrado.
Espiritualidad y nuestra concepción de Dios.
Es básico en nuestro mundo moderno para cultivar una nueva espiritualidad el partir con coherencia
de una nueva concepción sobre Dios. Dos autores a continuación nos ayudan a encontrar claridad:
John Selby Spong, obispo episcopaliano estadounidense, especialista en Biblia, quien murió el año
pasado a los 90 años, nos habla de una nueva visión sobre la vida eterna, “más allá de las
religiones, más allá del teísmo, más allá del cielo e infierno” (ed. castellana de 2014. Abyayala):
Cabría concebir a Dios, no como un ser, sino como el proceso que nos llama a ser; no como una
persona, sino como el proceso que nos llama a ser personas, parte de un Todo. Si ese Todo puede ser
percibido, es sólo a través del proceso de la individualización de esa parte del Todo que se siente
separada, invitación a caminar hacia un estado de consciencia eterno. Aquello que llamamos “Dios”
no pasa por proyectar nuestras necesidades, sino que nos conduce a adentrarnos en lo profundo de
la experiencia humana. Lo divino resulta ser una dimensión de lo humano. Así la religión no es un
viaje hacia una deidad externa, sino hacia el corazón de nuestra humanidad. Dios es la presencia en
la cual “vivimos, nos movemos y somos” (existimos) (Hechos de los Apóstoles 17,28). “Dios” es
más bien lo que podemos vislumbrar sobre el significado de la totalidad de las experiencias
humanas, reconociendo que somos parte de una comprensión última en pos de una conciencia
universal con la cual somos uno y en la cual somos Todo. Hablar de lo sagrado ya no es una forma
del orden religioso, sino del orden de la vida.
“Dios está siendo en mi ser y es el ser de todos los seres. El mismo ojo con el que veo a Dios es el
ojo con el cual Dios me ve” (el maestro Eckhart, siglo XIV). Porque Dios es, yo soy y porque yo
soy, Dios es . Dios no puede estar encerrado en credos, formas, doctrinas y dogmas, que da el cielo
o el infierno. La esencia de la religión de ayer debe ser el entendimiento espiritual del mañana.
En términos muy similares Stefano Cartabia (Uruguay, 2020) se refiere con su artículo “Del «Dios
objeto” a la «Fuente común». Después de insistir en la necesidad de descartar nuestra concepción de
un Dios-objeto, se pregunta por la experiencia de Dios, lo que podríamos entender como
espiritualidad y los caminos para llegar a ella:
¿Cómo hacer experiencia “de” Dios? Podemos identificar dos caminos, siempre reconocidos por las
tradiciones espirituales y que van de la mano: el camino de purificación o purgativo y el camino
unitivo. El camino purgativo es el camino de purificación: observar la mente, desconfiar de los
pensamientos, silenciar la mente. La mente está pensada como herramienta para manejar lo
 

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manifiesto y lo manifiesto es siempre dual, sujeto y objeto. Por eso la mente no tiene la capacidad
de percepción de lo Uno. Purificar la mente es volverse más sencillos, más transparentes, más libres
de los pensamientos, sentimientos, emociones. Es un camino de autoconocimiento psico-espiritual
que transita por varias etapas y varias capas de profundidad. Un camino nunca acabado en realidad.
El camino unitivo es percibir la Vida Una. Crecer en la percepción que somos Uno con la Vida.
Confiar en el proceso de la Vida.
Hablando en sentido estricto no hay una experiencia “de” Dios. El “de” convierte automáticamente
a Dios en objeto. Dios es el “ambiente vital” desde el cual vivimos toda experiencia. Dios es la
posibilidad última de toda experiencia. Por eso, desde este radical perspectiva, no podemos hablar
de experiencia de Dios. Le hacemos esta concesión al lenguaje para poder comunicarnos y
entendernos, pero sería importante ser consciente de los limites del lenguaje mismo.
En realidad lo que vivimos es pura experiencia, puro conocer, sin un “yo” que experimenta y lo
experimentado, sin un conocedor y lo conocido. Cuando nos establecemos en la pura experiencia
(pura conciencia) todo se vuelve trasparente y sencillo. En la pura experiencia solo hay Dios y todo
se transforma en experiencia de Dios. Mejor dicho: experiencia y “Dios” coinciden.
La mente se vuelve serena y pacifica, se abre “el tercer ojo”, la visión interior, y desarrollamos la
intuición. Empezamos a ver la realidad así como es, sin los filtros mentales e interpretativos. Todo
se vuelve diáfano y luminoso. Todo es transparencia del Misterio, todo es símbolo del Ser.
Resumiendo: Los caminos de purificación y unitivo van de la mano, son simultáneos. No son etapas
cronológicas. A cada momento vivimos los dos, aunque según los momentos y las etapas puede que
uno prevalezca sobre el otro.
Para experimentar el Misterio estamos llamados a silenciar la mente, a crecer en conciencia y en
autoconocimiento. Reconociendo nuestros estados mentales y emocionales aprenderemos a ser
libres. Desde esta libertad radical podremos asumir y vivir con serenidad y totalidad cada
acontecimiento que la Vida nos ofrece.
Descubriremos cada vez más que somos esa misma Vida, somos parte del mismo Misterio que
estamos buscando. No necesitaremos seguir buscando, porque nos daremos cuenta que no hay una
experiencia de Dios afuera de nosotros mismos. Somos esta misma experiencia. Somos Uno con el
Misterio, Uno con la Vida. Esa conciencia será la Paz total y la alegría plena.
José Mª Vigil en Qué espiritualidad promover? (14 encuentro internacional CETR -Centro de
Estudios de las Tradiciones Religiosas-. 2018) invita a entender la espiritualidad como
autoconciencia, interioridad: “ Lo que siempre hemos llamado espiritualidad, hoy sabemos y
caemos en la cuenta de que es en realidad una designación reducida y parcial de la misma
autoconsciencia del ser humano”. También el mismo autor en el 6º encuentro internacional CETR
de 2009 se había referido a la espiritualidad como multidimensional, pluriforme e indefinible,
privilegiando una conexión intrínseca ente la vida espiritual y la lucha a favor de otros, en amor sin
condiciones al prójimo, la pasión por la justicia, la corriente espiritual ético-profética, no limitada
por el ámbito de las religiones, cuyos representantes y abanderados especiales en la historia han
sido considerados los profetas de Israel y a su interior el mismo Jesús como uno de sus más
significativos testigos. De esta corriente espiritual son los luchadores sociales, muchos de los
reformadores sociales y revolucionarios, muchos de los héroes y mártires hombres y mujeres que
arriesgaron y dieron incluso su vida por las grandes Causas.5
5 p. 233
 

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Espiritualidad y vida.
De la espiritualidad como interioridad y autoconciencia nos habla igualmente la teóloga brasileña
Ivonne Guebara en Conversaciones sobre espiritualidad femenina (Casa Tejiendo Sororidades.
Cali, Colombia. 2017): La espiritualidad es autoreflexión, autoconciencia. Pero va más allá de lo
doctrinal: Es todo lo que me ha influido de mis ancestros, de mi tiempo y época, de todos aquellos
que me han aportado cada día. Espiritualidad no es algo exterior (como cuando se pide: “Ven
Espíritu Santo”. Es lo que yo doy y lo que recibo y aprovecho de los demás. Todos los seres
humanos tienen algo de espíritu bueno, Mi cuerpo está lleno de retazos -también bíblicos-. Todo me
viene, no de arriba, sino de mí y de mi alrededor. Actitud, belleza, encuentro...es por ahí que está la
espiritualidad.
Un testimonio muy denso y particular de vivencia de la espiritualidad lo descubrimos en la vida de
Etty Hillesum (descrito como “Itinerario espiritual, de 1941 a 1943” por el jesuíta Paul Lebeau,6 )
Etty (Ester), nacida en los Países Bajos, apuesta por la vida y por infundir la esperanza a los presos
en el campamento nazi de Westerbork a donde fué recluida junto a su familia después de haber
renunciado a sus posibles privilegios como colaboradora social del pueblo judío. Poco tiempo
después es trasladada con un contingente al campo de exterminio de Auschwitz.
En su Diario, que ella escribe para sí misma, no para la posteridad, nos relata sus diálogos con Dios,
que no es un ser lejano para ella. Se preocupa de él, lo interpela y le ayuda. Lo encuentra en su
interior y en la belleza que descubre en el universo, en la naturaleza. Se reafirma en que la vida -en
medio del trágico contexto del exterminio nazi de los judíos- vale la pena. ¡Toda una pedagogía de
la vida! Así Etty es una mística, contemplativa en la acción, una mística de la vida. “Hay un infinito
dentro de nosotros”, relata en su diario.
Su vida es manifestación hoy de que la experiencia de Dios no es privilegio de unos pocos y está
presente aun en las situaciones más complejas de la vida. Transcribo a continuación algunas frases
como perlas, tomadas de su itinerario espiritual (según relato de Paul Lebeau):
El mundo surge como una melodía de la mano de Dios. También yo quisiera ser como una melodía
que surge de la mano de Dios. Hay en mí un pozo muy profundo. Y en ese pozo está Dios. ¡Dios
mío, tómame de la mano! Te seguiré de manera resuelta, sin mucha resistencia. Es preciso despejar
en el otro el camino que lleva a ti, Dios mío. Te buscaré un alojamiento y un techo en el mayor
número de casas posible. No eres tú quien puede ayudarnos, sino nosotros quienes podemos
ayudarte a ti y, al hacerlo, ayudarnos a nosotros mismos. Cuando yo escucho en el interior, quiero
decir que es Dios mismo quien escucha en lo más profundo de mí. El fin de la meditación debería
consistir en hacer entrar un poco de Dios en nosotros, del mismo modo que hay un poco de Dios en
la Novena de Beethoven. Soy capaz de asumir esta época que estamos viviendo y puedo también
perdonar a Dios que ella sea tal como debe ser. ¡Mira que decir que tenemos en nosotros amor
suficiente para perdonar a Dios!
Síntesis de la luminosa aventura espiritual -dice el autor de la obra sobre Etty- es la última carta a su
amiga Tide en agosto de 1943: “Dios mío, tú que me has enriquecido tanto, permíteme también dar
a manos llenas. Mi vida se ha convertido en un diálogo ininterrumpido contigo, Dios mío, un largo
diálogo. Cuando me encuentro en un rincón del campo, con los pies plantados en tu tierra y los ojos
elevados hacia tu cielo, el rostro se me inunda a menudo de lágrimas, único exutorio de mi emoción
interior y de mi gratitud. También por la noche, cuando acostada en mi litera me recojo en ti, Dios
6 Sal Terrae, 1999.
 

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mío, lágrimas de gratitud inundan a veces mi rostro y eso es mi oración”.
A cuanto vamos exponiendo, recogido de diversos autores y testimonios espirituales, hombres y
mujeres, muy mayores o relativamente jóvenes, de diferentes países, culturas y convicciones
religiosas o no religiosas, no se puede dejar de incluir una referencia a espiritualidades negras. Más
en particular a espiritualidades vividas en los descendientes afroamericanos de la costa del Pacífico
colombiano, la cultura y pensamiento Ubuntu del mundo Yoruba y de actuales investigaciones
antropológicas feministas y teológico-bíblicas desde las mujeres negras7. Estas vivencias y
espiritualidad tendrán semejanzas seguramente en los países africanos y en otras partes de
descendientes afro de América Latina y del Norte. La cultura y espiritualidad Ubuntu, centrada en el
respeto y amor a las demás personas (“Yo soy porque tú eres”, no soy nada sin el resto de los
demás; soy alguien cuando procuro que tú lo seas), es consciente de su pertenencia a la madre
tierra, al cosmos y la naturaleza; tiene en cuenta como una riqueza el recuerdo y cercanía vital de
los ancestros, sus voces y memorias; valora los cuerpos, la vida y el goce, así como la
interculturalidad. Es también lo que quiere reflejar y mostrar el “vivir sabroso” que está tomando
fuerza en la nueva realidad política colombiana, sedienta por muchas décadas de esperanza y que
guarda semejanzas con el “buen vivir” de las comunidades indígenas de los países andinos.
Una página de Cristianisme i Justícia alerta hace pocas semanas8 sobre la pluralidad existente entre
las espiritualidades jesu-cristianas según privilegien la del Monte de las Bienaventuranzas, el
Calvario y el Monte Tabor, o sea: la teológica, la monástica y la militante. Unos priorizan más una
que otra, sin abandonar las restantes. Pasar por las tres es característica de todo cristiano/a, sin
quedarse en una u otra, lo que también puede suceder.
La priorización en lo militante -que no excluye las otras experiencias jesu-cristianas- la podemos
ver muy claramente en el relato (conversaciones) de jóvenes desde Colombia en el libro de última
hora Realidades emergentes. Conversación desde las espiritualidades juveniles9. Se trata de una
conversación entre jóvenes -10 mujeres y 5 hombres- que aportan en los diferentes capítulos y que,
a su vez, entrevistan a otros/as jóvenes. El 3 de junio de 2017, alrededor de símbolos colectivos y
personales, e inquietados por soñar y hacer realidad un nuevo y mejor mundo posible, jóvenes de
diversas organizaciones sociales se reúnen para formar la Red de Espiritualidades e Investigación
Juvenil, con el fin de entretejer vínculos de solidaridad, intercambio y esperanza en torno a los
senderos caminados por las diferentes organizaciones participantes y las coyunturas sociales y
políticas actuales.
Retomo algunos apartes del texto10 en que declaran que las espiritualidades son construcciones
sociohistóricas:
Toda espiritualidad está marcada por el acontecer histórico en el que se encuentre la persona. La
relación con el territorio, con el devenir y con quienes nos rodean, jóvenes o de otras generaciones,
son el fundamento de las espiritualidades que los determinan. Esta relación con el tiempo, el
espacio natural y la sociedad se consolida desde el diálogo y la eperiencia y está guiada por la
esperanza:
Somos de una afiliación ideológica o religiosa debido a nuestro entorno vital, por ejemplo. Una de
las principales emotividades de las espiritualidades juveniles alrededor de la lectura crítica del
contexto histórico y social es la capacidad de romper los egos de la afectación propia, para sentirnos
7 En youtube se puede acceder al terccr conversatorio animado por Kaired educativo sobre el vivir sabroso desde el
enfoque de las espiritualidades negras con Maricel Mena y Arturo Grueso (youtu.be/pY7u4cEkorQ)
8 Recogido en Redes Cristianas de 18.10.2022 y su autor es Jesús Martínez Gordo.
9 Bogotá, septiembre de 2022. Xpress Kimpres
10 pp. 19, 34, 88, 91, 98, 110, 117, 125ss.

 

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acogidos en el dolor, la necesidad o el malestar de los otros, incluida la madre tierra y todo ser vivo.
Aunque las espiritualidades claramente no son una cuestión tangible, sí se materializan en las
maneras cómo actuamos con nosotros mismos, con los demás y con el entorno. La materialización
de las espiritualidades obedece a las convicciones e impulsos que nos movilizan en el quehacer
habitual, una serie de acciones que proceden la una de la otra y que vitalizan lo que denominamos
“devenir”.
En medio de esas condiciones de reconocimiento y cultivo de la exterioridad, aparece un
fundamento primordial en las espiritualidades juveniles: la esperanza. Uno de los elementos para
comprenderla es reconocer que la humanidad está atravesada por la condición de trascendencia, es
decir, de llegar o estar más allá. En ese punto, la cuestión del devenir histórico que se está por
construir es una tarea de las y los jóvenes. La esperanza es trascender en búsqueda de superar lo que
existe, lo impuesto y el orden establecido.
La espiritualidad no es una cuestión del ser humano solamente, quizá somos los únicos que la
reflexionamos, pero la totalidad de lo que se encuentre en el cosmos tiene una espiritualidad, una
trascendencia y una conexión.
Más allá de sentir empatía, esta compasión juvenil ha permitido que la necesidad o el sufrimiento
del otro se convierta en acción colectiva y política, desde el uso de las redes virtuales, trabajo
comunitario, investigación social en conexión con la academia y metodologías participativas,
creación de redes de apoyo y solidaridad; todo esto a escala local, nacional y global.
La experiencia del diálogo es una experiencia humana-divina, pues unifica la mirada personal y el
reconocimiento propio, mientras refleja en el otro el rostro de la humanidad y de Dios. Es una
experiencia material que se desata en la mística del encuentro. Al referirnos al encuentro, hablamos
de tenernos frente a frente y conectarnos con lo profundo del otro: constituir un paralelo entre lo
que nos asemeja y nos diferencia. Reconocer al otro en una experiencia dialógica no es solo
comprender su esencia, también interpretar su realidad humana (material, espiritual, social, etc.) y
acoger su fragilidad.
Miles de jóvenes de Latinoamérica marchando con Wiphalas11 es una de las materializaciones de las
espiritualidades en diálogo con lo ancestral. Otra forma de diálogo es el intercultural entre
movimientos sociales: la conversación nacional en las perspectivas del diálogo dialogal (Raimon
Panikkar) y la hermenéutica diatópica (Boaventura de Souza Santos) para animar el contacto
intercultural y nutrir de polifonías la comprensión de lo que se es identidad generacional. Para
comprender las espiritualidades juveniles, sus sentires, pasiones o apuestas intra-generacionales, se
deben comprender las necesidades, posibilidades y tensiones inherentes al momento.
Mística juvenil: Esto nos demuestra una mística basada en la contemplación profunda del escenario
material en el que se desarrolla el ser humano. Esta contemplación de la realidad desde lo juvenil
abona la admiración desde el sentido material, reconociendo las condiciones de existencia y
coexistencia, pero al mismo tiempo, desde lo sentimental, debido a que observa la realidad como
amor y preocupación. Es una contemplación que supera inmediatamente lo divino y lo inmaterial,
para enraizarse en la admiración sensible de la vida en todas sus expresiones.
Una de las principales características de la mística en los jóvenes está conectada con el activismo,
fruto de la energía y vitalidad propia del momento de la vida. En la mística juvenil existe una
11 Bandera de los pueblos indígenas andinos, especialmente del sur del continente, compuesta por 49 cuadros repartidos en siete
colores. Se ha convertido en un emblema de la movilización social en América Latina y de reivindicación de las cosmogonías
indígenas.

 

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ruptura de la comprensión de la vivencia religiosa, al plantear en el plano material una relación más
allá de Dios y la fe. La comprensión de lo metafísico supera la construcción tradicional del acto
celebrativo y reiterativo de Dios, aproximándose más a la concepción ética del bien común, del
bienestar colectivo y del buen vivir.
La desconexión de los jóvenes con los temas religiosos no significa un alejamiento de la
espiritualidad, de hecho, es todo lo contrario. Ante un mundo cada vez más globalizado, que busca
hegemonizar el modo de vida de las personas, los jóvenes encuentran en los espacios espirituales un
lugar para explorar su individualidad. La espiritualidad que yo empiezo a conectar no es una
espiritualidad metafísica, de voy a hacer sesiones de meditación profunda, sino que es un arte que
está totalmente metido en las comunidades, sobre todo en las comunidades que por alguna u otra
razón la identifica la teología de comunidades violentadas. Yo me he guiado por ahí pero no
desconozco otras posibilidades, como la meditación, o ciertos procesos meditativos del arte como la
filigrana o el tejido o el dibujo que puede llevar a ciertos estados de la conciencia, porque puede
llevar a cierta conexión del arte y la espiritualidad (Miguel Vega, artista y teólogo.p.90).
Pese a que algunos jóvenes no están conectados con los ritos religiosos, sí viven la espiritualidad
comunitariamente, especialmente, en las inconformidades de los ciudadanos con la situación del
país. Los jóvenes entrevistados afirmaron que la espiritualidad también “ayuda a expresar una idea
común, un sentimiento común, como se ve en las protestas.
Se hace un símil de la espiritualidad como una luz, la cual “nos atraviesa a todos y está en nuestro
interior; pero la podemos expresar y la podemos sentir nosotros cuando leemos un libro de algún
tema que nos ayude a encontrarnos con nosotros mismos o cuando escuchamos música” (Relato de
Alejandra, CECEP.p.91)
En la multiplicidad de formas de hablar de la espiritualidad, existe una en la que la relación con la
naturaleza es vital, pues en ella se reconoce la importancia de aquello con lo que el humano está en
constante relación, pero que, dada una ceguera producida por el afán de la vida no tiene en cuenta o
lo ignora. Si el espíritu tiene que ver con vida y se opone a muerte, la espiritualidad ecológica está
ligada a la experiencia de la vida y, por ende, a la subjetividad, a la interioridad, a la profundidad.
Hoy existe una espiritualidad que tiene en cuenta el cuidado del ambiente no solo desde la
perspectiva humana, sino que se entiende como sujeto a la naturaleza misma. En este sentido, la
ecoespiritualidad es una conexión con carácter amplio, en la que convergen gran cantidad de
experiencias, sentires, identidades y emociones que permiten la interacción entre todas las partes
que componen la tierra y, por lo tanto, se hace constante la preocupación por los abusos y las
manifestaciones extractivistas desmedidas sobre el medioambiente que afectan dichas conexiones
de interacción continua.
El diálogo intergeneracional y las espiritualidades son prácticas ancestrales, tradicionales y
cotidianas que vinculan dos perspectivas distintas de cómo interpretar la realidad social: la juventud
y la adultez. Las espiritualidades también son posibilidad para establecer un ejercicio de diálogo
entre las generaciones. En términos de la espiritualidad, es importante hablar de los retos de la
formación de una espiritualidad colectiva, generada no solo por la interconexión de una comunidad
con diferentes grupos generacionales, también con personas diversas, de diferentes contextos y con
diferentes vivencias.
El estallido social de 2021 demostró que es posible cambiar las dinámicas del país poco a poco. Aún
falta un largo camino por recorrer, pero el diálogo intergeneracional da la oportunidad de que las
nuevas generaciones aprendan de los errores del pasado y genera espacios para la construcción de
 

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una memoria colectiva, pues más que pasar la antorcha a las nuevas generaciones, se trata de que
los adultos entiendan que si se quiere un cambio real es vital la presencia de todos los grupos
etarios. Construir comunidad, espiritualidad, territorio y enfrentar las problemáticas sociales son
tareas de todos.
Espiritualidad en el Evangelio cristiano.
Para finalizar quiero recordar un pasaje del Evangelio en el que podríamos decir que rebosa la
espiritualidad de Jesús: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas
cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños” Mt. 11, 25. Y este otro en el
que María, la Madre de Jesús, tras los maravillosos acontecimiento del nacimiento de su hijo -nos
cuenta el evangelio de Lucas 2,19- “guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”.
También seguramente lo hizo ante la crucifixión de Jesús y ante su realidad como Resucitado y
dador del Espíritu a sus discípulos, reunidos con ella.
Evidentemente, con referencia al cristianismo, habría que abundar en en el ahondamiento de las
fuentes de espiritualidad que se encuentran en los Evangelios y en los escritos del Segundo
Testamento, pero tal propósito desborda las posibilidades e intenciones del presente escrito y queda
pendiente para nuevas indagaciones y exposiciones.
Llegando ya a los 80 años de vida y copiando al obispo John Selby Spong, puedo reflexionar sobre
mi proceso espiritual personal que enuncié al comienzo, para cerrar: “Reproduje en mí el viaje
religioso de la humanidad en su historia. Fue el estudio crítico sobre la Biblia y su verdad que
interactúa con la verdad de otras muchas disciplinas <y religiones, añadiría en mi caso>, lo mismo
la relación con familiares, mentores, amigos y colegas- el que empezó a llevarme más allá de los
límites de la religión y de la iglesia. Descubrí que más allá del pensar está el “ser” y que ese “ser” es
aún una dimensión más profunda de la vida”12.
12 o. cit. pp. 185-201
 

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